Finalmente, Rossyn y Alfredo se marcharon.
La despedida con Brisa fue dulce, con promesas de verse pronto y abrazos que hablaban del vínculo profundo que habían creado.
En tanto, Helmer, con una serenidad nueva en el rostro, preparaba la cena con entusiasmo. Nunca había cortado tomates con tanto esmero ni sazonado la comida con una sonrisa. Brisa merecía todo eso, y más.
***
Al llegar a casa, Rossyn sentía el corazón agitado. No por el viaje, sino por el secreto que ahora palpitaba en su vientre