«Hermes, tú tienes la culpa de este dolor», pensó Darina, abrazando a sus hijos, con el corazón lleno de una rabia amarga que no lograba calmar.
La pequeña Rossyn, en su ingenuidad infantil, aún no comprendía la gravedad de la pérdida.
—Mami, dile a papito que baje del cielo, Rossyn quiere a papito de vuelta.
El dolor se clavó en el pecho de Darina como una lanza.
Tomó a su hija en sus brazos, besando su cabeza con ternura mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
—No lloren, por fav