Pronto, los prometidos se dirigieron al centro del salón. Un silencio expectante se extendió entre los invitados, mientras todos los presentes aguardaban el tradicional discurso de compromiso. Azul, tomada de la mano de Hernán, fue la primera en hablar. Su voz temblaba apenas, pero sus ojos brillaban con sinceridad.
—Hernán —dijo con una sonrisa emocionada—, te he amado desde que era una niña. He soñado con este momento durante años, con llevar tu apellido, con caminar a tu lado... Y hoy, por fi