A la mañana siguiente
El sol apenas comenzaba a filtrarse por las cortinas cuando Rossyn, en silencio, se deslizó fuera de la cama.
Se puso una bata ligera y fue a la cocina a preparar el desayuno. El aroma del café recién hecho llenó el ambiente, mezclándose con el pan tostado y los huevos que chisporroteaban en la sartén. Sentía un nudo en el pecho.
Esa mañana debía decirle la verdad a Alfredo, y aunque sabía que lo amaba con todo su ser, temía por lo que vendría después.
Alfredo se levantó po