—¡Es Nelly! ¡Está muy mal! ¡Se desmayó!
El grito provenía de la cocina. La voz era de una de las empleadas, desesperada.
Todos corrieron hacia el origen. Tessa fue la primera en reaccionar, sus ojos se agrandaron por el pánico. Por un momento se le borró todo el cinismo del rostro. Su máscara cayó. Su alma de madre tembló.
—¡Nelly! —gritó Tessa, corriendo como si el alma se le fuera en cada paso.
En el suelo de la cocina, Nelly yacía inconsciente, su pequeño cuerpo flácido, su rostro pálido, con