Antes de volver a casa, Orla decidió hacer una parada. Melody había pasado por demasiado, y el corte de cabello que le había hecho la cruel Tessa era una herida visible que Orla no quería que la niña llevara encima como un recordatorio.
Entraron a la peluquería, donde el aroma dulce de productos para el cabello y el sonido de tijeras en movimiento llenaban el ambiente.
La estilista intentó igualar el cabello de la pequeña, suavizando los mechones irregulares que Tessa había dejado como una cicat