—¿Estás bien, cariño? —preguntó Eugenio, con la voz cargada de preocupación y dulzura.
Sienna asintió débilmente, intentando recomponerse, pero su corazón seguía latiendo a un ritmo descontrolado, todavía herido por todo lo que había pasado.
La tensión en sus hombros no desaparecía, y sus ojos reflejaban un dolor profundo, la mezcla de dolor y desconfianza que le había dejado Alexis.
—Vamos a casa —dijo Eugenio con firmeza, tomando suavemente su mano para guiarla, ofreciendo el calor y la protec