Sienna estaba en la sala, aun temblando, con la verdad recién contada sobre lo ocurrido, cuando escuchó la voz de Félix a su lado:
—Al fin… algo de verdad salió, hermanita —dijo Félix, abrazándola con fuerza—. Estoy feliz por ti.
Sienna sonrió, débilmente, con los ojos húmedos.
—No es suficiente —susurró—. Siento que duele… aún duele.
De pronto, un estruendo cortó la conversación.
Gritos provenientes del exterior rompieron la calma momentánea.
Una empleada entró al comedor, pálida y nerviosa.
—S