Sienna estaba a punto de dar el último paso hacia la salida, pero algo la detuvo.
Un suspiro profundo se escapó de sus labios, resonando como un eco de su propia lucha interna.
Sus pies quedaron clavados en el suelo, y por un instante, el tiempo pareció detenerse. No podía. No podía ser cruel, aunque su corazón ardiera de rabia y dolor.
Volvió sobre sus pasos, con movimientos que parecían pesados por la tensión que la consumía.
Necesitaba liberarlo, no solo físicamente, sino también de la prisió