Cuando Sienna volvió, el corazón le latía con fuerza, un martilleo que le recordaba que cada paso que daba la acercaba a lo inevitable.
Miró al hombre que yacía ahí, en la cama, luchando contra las esposas que lo mantenían atrapado.
Su respiración era irregular, sus pupilas reflejaban confusión y deseo, una mezcla peligrosa que la hizo detenerse un instante para recuperar el control.
La música seguía sonando, vibrante, acompañando la tensión que llenaba la habitación.
Con decisión, cerró la puer