Alexis se quedó inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido a su alrededor.
Sus ojos se encontraron con los de Sienna y, por un instante, todo lo demás desapareció.
Cada sonido, cada olor, cada sensación se concentró en ella. Su corazón latía con fuerza, cada golpe resonando en su pecho como un tambor que anunciaba la llegada de algo inevitable.
—Sienna… te amo… —susurró, la voz temblándole entre la incredulidad y la necesidad.
Ella lo miró, y esa mirada fue un rayo que lo atravesó por comple