Tres meses después.
La vida había seguido su curso, aunque en los corazones de todos aún quedaban heridas abiertas.
Sienna y Orla dedicaban gran parte de su tiempo a la fundación, un proyecto que, poco a poco, se había convertido en una especie de refugio.
Orla estaba completamente sumergida en aquello.
Era lo único que la mantenía en pie, lo único que le daba un propósito en medio de tanta turbulencia.
Con una determinación férrea, pasaba horas hablando con empresas, tocando puertas, convencien