Nelly firmó los papeles con una mano temblorosa.
El sonido de la pluma contra el papel retumbó en su mente como si fuera el cierre de un destino que ya no tendría marcha atrás.
Al terminar, la secretaria confirmó la transferencia del dinero necesario para que se convirtiera oficialmente en accionista.
El corazón de Nelly latía demasiado rápido; sabía que con esa firma había dado un paso que la ataba no solo a la empresa de Melody, sino también a su guerra personal.
Melody, en cambio, estaba radi