Mel rompió el beso con lentitud, como si cada segundo robado le perteneciera.
Aun con la respiración agitada, acompañó a Ethan hacia la salida, sin ocultar una sonrisa sarcástica que atravesó a Demetrio como un dardo.
Fue una sonrisa ambigua, fría: un aviso y una demostración al mismo tiempo.
Ethan respondió con un gesto seco y seguro; sus pasos resonaron sobre el mármol y, cuando se cerró la puerta tras ellos, el silencio quedó pesado en el salón.
Demetrio los observó irse, apretando los puños