Los días habían pasado lentamente desde la operación, cargados de incertidumbre y desvelo, hasta que por fin llegó el momento en que Sienna pudo abandonar el hospital.
El médico la revisó con detalle antes de autorizar su salida.
—Está estable, pero no debe forzarse. Necesita controles constantes, reposo y evitar cualquier tensión innecesaria —indicó con voz firme.
Eugenio, protector como nunca, escuchaba cada palabra con la atención de un padre que temía volver a perder a su hija.
Aunque Sienna