Sienna retrocedió un paso, el corazón desbocado golpeando en su pecho como si quisiera escapar.
El aire se volvió pesado, difícil de respirar. Nunca, ni en sus peores pesadillas, había imaginado volver a ver a ese hombre. Y mucho menos, ahí, en ese lugar donde se suponía que podía sentirse a salvo.
Él estaba sentado con una postura relajada, pero su sonrisa burlona, casi cínica, era como la de un león hambriento acorralando a su presa antes de lanzarse sobre ella.
Sus ojos brillaban con un fulgo