CAPÍTULO 30
El patio de recreo del diabloEl almacén número 7 era un esqueleto de ladrillo y acero oxidado, una reliquia olvidada de una era industrial que el tiempo había devorado. La lluvia fina de la noche convertía el asfalto agrietado del distrito portuario en un espejo oscuro que reflejaba las luces de neón lejanas. Para Jack, era una fortaleza de recuerdos; para el equipo de Alexander, era una pesadilla táctica.—Tres puntos de entrada visibles —informó Marcus en el auricular de Alexander, su voz tranquila desde la furgoneta de vigilancia aparcada a dos manzanas.— Dos en la parte delantera, y la bahía de carga trasera donde Jack la citó. Hay múltiples ventanas en el segundo piso, pero están tapiadas. El perímetro es un caos de contenedores y callejones. Si tiene una ruta de escape planeada, tenemos docenas de variables.Alexander observaba las pantallas que mostraban imágenes térmicas del edificio. Estaba frío, vacío. Jack aú