CAPÍTULO 31
Sangre y consecuenciasLa oscuridad total fue un golpe sensorial. Los monitores de Alexander se quedaron en negro, excepto por el punto térmico de Ana, que ahora estaba peligrosamente cerca de otros tres. El audio se convirtió en un caos de respiraciones agitadas, el roce de la ropa y el chirrido del metal. La cacería había comenzado.—Equipo de asalto, entren. Visión nocturna. Protocolo de silencio —ordenó Alexander, su voz era un témpano de hielo. No había rastro de pánico, solo una furia destilada en estrategia pura—. Localicen a mi hermano. VIVO. Los otros dos son prescindibles.En el interior, Marcus y su equipo se movieron como fantasmas. A través de sus gafas de visión nocturna, el almacén era un paisaje verde y fantasmal de maquinaria oxidada y sombras danzantes. Localizaron a Ana, encogida detrás de un pilar, mientras los dos matones de Jack barrían el área con las luces de sus armas. Jack había desaparecido.—E