CAPÍTULO 29
El cebo en la trampaEl silencio en la biblioteca era un cuchillo en la garganta de Ana. Los diez segundos de Alexander se extendieron como una eternidad, cada latido de su corazón un martillazo contra sus costillas. Vio su vida entera en dos imágenes parpadeantes: una celda gris y sin rostro, y un billete de avión hacia una oscuridad desconocida. La elección no era sobre el infierno, sino sobre quién sería el diablo. Y el diablo que tenía delante era, con mucho, el más poderoso.—El segundo camino —susurró, la voz rota por el pánico y una delgada hebra de alivio—. Haré lo que usted diga. Lo atraeré.Alexander asintió, su rostro impasible no mostraba ni victoria ni satisfacción. Era pura y gélida transacción. Se giró hacia Marcus.—Prepara un teléfono limpio. Graba cada palabra que diga. Quiero un equipo de rastreo listo para moverse en cuanto Jack dé una ubicación. No podemos permitirnos un solo error...— Seño