El sol de la mañana se filtra por las cortinas de mi departamento cuando Kathy comienza a moverse en mi cama. Me quedo quieta en el sofá, observando cómo se frota los ojos con los nudillos, desorientada. El olor a café que llena el aire parece despertarla por completo.
—¿Cómo te sientes? —pregunto, ofreciéndole una taza de agua con limón que preparé para la resaca.
Kathy hace una mueca al primer sorbo, pero bebe obedientemente.
—Como si me hubiera atropellado un camión —murmura, mirando s