El aroma a laurel fresco me golpea antes de que pueda sentarme. Sobre mi escritorio, un jarrón de cristal tallado brilla bajo las luces de la oficina, las hojas verdes y brillantes cayendo en cascada sobre los bordes.
—¿Luis el contabilidad las trajo ?—supone Sofía desde su escritorio, sin levantar la vista de su computadora como si fuera obvio
—¿Quien?
—¿No te has dado cuenta cómo te mira en las reuniones de presupuesto?
Mis dedos rozan el papel que envuelve la base del jarrón. Es grueso,