El timbre resuena en la casa silenciosa antes de que mis dedos hayan dejado el botón. La puerta se abre demasiado rápido, como si él hubiera estado esperando justo al otro lado.
Jesús viste jeans y una camisa blanca sin arrugas, las mangas enrolladas hasta los antebrazos. Parece más joven así, más humano. Más peligroso.
—Entra —dice, apartándose para dejarme pasar.
El aroma a limón y madera pulida me envuelve al cruzar el umbral. Miro instintivamente hacia los lados, buscando señales de v