El vestido rojo se me pega al cuerpo como una segunda piel cuando bajo al lobby, sus tirantes finos dejando mis hombros al descubierto. El escote no es exagerado, pero suficiente para que me sienta vulnerable y poderosa al mismo tiempo.
Sofía me espera en la recepción, flanqueada por dos hombres de traje. Su sonrisa es demasiado dulce para ser genuina.
—¡Justo a tiempo! —exclama, tomándome del brazo como si fuéramos amigas de toda la vida—Ven, cenaremos juntas.
—Tengo novio —digo automáti