El sol de las tres de la tarde cae a plomo sobre la piscina, transformando el agua en un espejo de luz cegadora. Llego con mi toalla al hombro, buscando un rincón libre de miradas y recuerdos, pero el universo parece empeñado en jugar conmigo.
Ahí está él.
Jesús.
Recostado en una tumbona, con solo el traje de baño negro que se aferra a sus caderas como una segunda piel. Su torso desnudo, ese territorio que recorrí con mis manos, mis labios, mis dientes, brilla bajo el sol, marcado por got