De inmediato, me percato de las intenciones de ambos; noto la fijeza en los ojos de mi hermana y sé que Miranda solo quiere distraerme con sus lágrimas de cocodrilo para que Antonio aproveche un descuido, se me abalance y me quite el arma de las manos de un tirón. Sin pensarlo dos veces, jalo el gatillo. Ambos saltan horrorizados sobre sus lugares gracias al tremendo e impactante susto de oír el disparo resonar con fuerza hacia el suelo de madera, destrozando una sección de la alfombra. Antonio