Desde que Edmon y Miranda llegaron a la ciudad desde hace días, no volví a poner un solo pie en la imponente casa de mis padres, aquel lugar en donde crecí desde mi nacimiento y que alguna vez consideré mi refugio. Mi orgullo propio es infinitamente más grande y pesado que la noble bondad de perdonar a mi propia hermana por su imperdonable traición del pasado. Sin poder creerlo del todo, en un abrir y cerrar de ojos, pasó un mes entero y sigo sin tener la más mínima noticia de mi familia. En el