Entraron a la casa envueltos en un silencio extraño, incómodo pero cargado de significado. Isabella cerró la puerta con suavidad mientras Marcos, unos pasos detrás, tropezó con una pequeña escultura que decoraba la entrada. El objeto tambaleó peligrosamente antes de estabilizarse.
—¡Shh! —susurró Isabella con rapidez, volviendo hacia él—. Mi hermana está dormida… no hagas ruido, por favor.
—Lo siento —musitó Marcos, esbozando una sonrisa culpable mientras observaba el interior del lugar que, pa