La puerta permanecía entrecerrada, dejando pasar apenas la tenue luz del pasillo. La habitación estaba en silencio, pero el aire… el aire estaba cargado, espeso, como si contuviera todos los secretos que nunca se dijeron.
Isabella yacía bajo él, sin decir palabra. Los ojos grandes, brillantes, intentando sostener la mirada de Marcos mientras su pecho subía y bajaba con rapidez. Su cuerpo estaba tenso, pero no de miedo, sino de ese temblor que llega cuando algo muy esperado y muy temido ocurre a