El reloj marcaba la 1:18 p. m. cuando el médico entregó los últimos papeles.
—La señorita Sofía Romano puede irse a casa. Respondió muy bien al tratamiento, pero necesitará reposo, buena hidratación y observación constante.
Isabella respiró profundo, como si el peso del mundo se le deslizara de los hombros. Acarició el rostro tibio de su hermana, quien le sonrió desde la camilla.
—¿Puedo ver dibujos animados en pijama?
—Los que quieras —susurró Isabella, emocionada—. Esta semana eres la reina d