La madrugada cayó con un silencio espeso sobre el hospital. Las luces fluorescentes del pasillo parpadeaban con pereza, y el sonido lejano de una máquina de oxígeno llenaba el aire con un ritmo constante. En la habitación número 217, el aire parecía aún más frío que el resto del edificio.
Sofía dormía profundamente, conectada al suero, con la mejilla hundida en la almohada blanca. Isabella estaba sentada junto a la camilla, con una manta delgada sobre las piernas. Sus ojos estaban fijos en su h