El tiempo parecía avanzar a un ritmo diferente dentro del auto. El paisaje pasaba lentamente a través de los vidrios empañados, como si el mundo entero se moviera en cámara lenta. Nadie hablaba. El silencio pesaba tanto que hasta el sonido del motor parecía lejano, ahogado por la tristeza que flotaba entre ellos.
Victoria iba en el asiento trasero, junto a Marcos, que continuaba recostado, con la mirada perdida en algún punto indefinido del vacío. El rostro le mostraba los estragos de noches si