El viento del amanecer soplaba entre los cipreses, haciendo que las flores frescas de la tumba se mecieran suavemente. Marcos permanecía de pie, con las manos en los bolsillos del abrigo, la mirada fija en la lápida blanca donde descansaba el nombre de su padre.
El silencio del cementerio era casi insoportable, y aun así, Victoria lo rompió con una voz baja, pero firme, como si cada palabra pesara toneladas.
—¿Sabes, Marcos? —dijo ella, con los ojos puestos en el mármol—. A veces el pasado tien