El silencio de la habitación solo era interrumpido por el suave roce de las cortinas al moverse con el viento.
Isabella estaba frente al espejo, aún con el corazón acelerado. Apenas podía creer lo que había sucedido. Su piel todavía recordaba el calor de sus manos, el roce de sus labios, el peso de su mirada.
Marcos la observaba desde el sofá, con el torso desnudo y una calma que contrastaba con la confusión que la dominaba a ella. En sus ojos había una mezcla de deseo y satisfacción que la des