El sol del mediodía apenas lograba filtrarse por los ventanales de cristal oscuro de la oficina de Marcos D’Alessio. El bullicio de la ciudad quedaba apagado detrás de esas paredes, pero dentro, el silencio era pesado, interrumpido solo por el golpeteo de sus dedos contra el teclado y el crujir de las hojas que llevaba horas revisando.
Un cúmulo de carpetas estaba apilado en su escritorio: balances, contratos, proyecciones. Todo lo que había pospuesto en las últimas semanas, atrapado en su dobl