Oriana
Los celos, la rabia, la humillación me estallaron dentro. Le di un empujón con todas mis fuerzas.
—¿Sabes qué? ¡Por mí, puedes irte a la mierda, Stephan! ¡Toma la oferta de Isabella, y haz lo que se te venga en gana! ¡Yo me largo! —Algo en su rostro cambió. Fue un segundo apenas, pero lo vi. Una grieta. Como si algo adentro de él se rompiera y no supiera cómo contenerlo —. Debí hacerlo cuando me lo pediste. De hecho, nunca debí ir a ayudarte. A partir de este momento, quiero que me deje