El bar "El Cruce" olía a café cargado por las mañanas y a cerveza barata y humo por las noches. Para Elena, aquel lugar se convirtió en su refugio y su celda a la vez. Al principio, sus manos temblaban al sostener la bandeja y evitaba mirar a los clientes a los ojos, temiendo encontrar las pupilas grises de Steve o la mirada gélida de algún sicario de los Valenti.
—¡Elena, dos cañas a la mesa cuatro! —gritaba Sara desde la barra.
Sara la observaba con una mezcla de lástima y alivio. Ver a su pr