El búnker subterráneo de "La Jaula" se convirtió en un laberinto de ecos asfixiantes y fogonazos de pólvora en el mismo instante en que la luz se extinguió. Sin la ventilación forzada, el olor a pólvora quemada, cemento húmedo y sangre se concentró en los pasillos de hormigón, transformando el aire en una masa densa y difícil de respirar.
—¡Izquierda! —rugió Marcus en mitad de la negrura.
El haz de su linterna táctica barrió el pasillo principal, recortando la silueta de uno de los guardias pre