Elena estaba terminando su turno en el hospital, tratando de concentrarse en las gráficas de los pacientes, pero su mente seguía en la cabaña. El calor de Steve, sus palabras rudas pero protectoras sobre Ryan y la forma en que la había mirado antes de marcharse la tenían en una nube de confusión. De repente, su teléfono vibró en el bolsillo. Era Sara.—¿Elena? Tienes que venir a la plaza... ahora mismo —susurró Sara, sonando nerviosa y agitada.—¿Qué pasa? Estoy terminando el turno, Sara.—Es ese tipo, el de la moto... Steve. Está aquí, en la terraza del café, con unos hombres que parecen sacados de una película de gánsteres. Está su hermano también... pero Elena, hay una mujer con ellos. Es guapísima, elegante... y está pegada a él como si fuera su dueña. Tienes que verlo tú misma.Elena sintió como si le hubieran vaciado un cubo de agua helada por la espalda. El nudo de celos fue instantáneo, una punzada dolorosa que le nubló el juicio. Sin pensarlo dos veces, se quitó la bata,
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