El chorro de vapor a alta presión que escapó de las tuberías rotas inundó el pasillo de "La Jaula" en cuestión de segundos, creando una cortina blanca, densa y abrasadora que anuló por completo la visibilidad de los focos halógenos. Los gritos de maldición de los dos guardias de los Valenti resonaron ahogados por el estruendo del agua hirviendo, mientras intentaban cubrirse los ojos con los antebrazos. Marcus no lo dudó; el instinto primitivo de supervivencia, el último rescoldo de fuerza que l