El espejismo del Edén.
El zumbido del motor del avión privado era lo único que arrullaba a Elena mientras sobrevolaban el azul infinito del Caribe. Steve estaba sentado frente a ella, inmerso en unos papeles, pero de vez en cuando levantaba la vista y la observaba en silencio, como si estuviera asegurándose de que seguía allí, de que no era un fantasma que se desvanecería al aterrizar. Habían pasado meses de encierro, de miedo y de un trabajo agotador en la penumbra del casino con Marcus, y este viaje era, en teoría,