Elena conducía con las manos apretadas al volante, siguiendo el punto azul en el mapa de su teléfono que la llevaba cada vez más lejos de la zona iluminada de Willow Creek. El GPS indicaba una zona de naves industriales junto a las antiguas vías del tren, un lugar donde nadie iría a menos que tuviera algo que ocultar. El silencio de su coche era casi doloroso, roto solo por el sonido de la grava bajo los neumáticos cuando se desvió por un camino de tierra.
—Mierda, Elena, ¿en qué te estás met