Steve seguía abajo, en la planta baja del almacén. A través del cristal de la oficina, Elena podía verlo gesticular con violencia. No podía oír sus palabras, pero la forma en que Marcus retrocedía un paso y los otros hombres bajaban la mirada dejaba claro que Steve estaba fuera de sí. El eco de un golpe seco contra una mesa de metal subió por las paredes, haciendo que Elena diera un respingo. Se sentía como un animal enjaulado, atrapada entre el deseo de salir corriendo y la necesidad enfermiz