El aire del refugio estaba cargado de tensión, el eco de los pasos de Kael resonando contra las paredes de piedra mientras iba de un lado a otro. La intrusión de Sarya había alterado cualquier sensación de seguridad que pudiera haber existido. Koryan, firme pero evidentemente preocupado, no apartaba la vista de la figura que los acechaba desde las sombras.
—¿Crees que tus palabras bastarán para intimidarnos? —dijo Kael, levantando su espada en dirección a Sarya.
La mujer, con una elegancia pert