La atmósfera del refugio estaba cargada con una mezcla de alivio y tensión. Aunque Lía había alcanzado el fragmento y logrado repeler al Vigía, nadie podía ignorar que lo que acababa de suceder era solo un preludio de algo mucho más grande. Los cristales en las paredes brillaban intermitentemente, un recordatorio silencioso de que la batalla aún no había terminado.
Kael, con los brazos cruzados y la mirada fija en el suelo, rompió el silencio.
—Hemos ganado tiempo, pero ¿a qué costo? —dijo, su