El aire dentro del Santuario del Alba era denso y cargado de una energía que parecía vibrar con vida propia. El grupo avanzaba en silencio, con los pasos resonando sobre el suelo de piedra pulida, reflejando tenues destellos de luz dorada. La arquitectura era imponente, con arcos altos y grabados intrincados que narraban historias de tiempos antiguos. Sin embargo, lo que captaba la atención de todos era la enorme puerta al final del pasillo, una estructura que parecía latir al compás de sus pro