El grupo descendió por el pasillo iluminado con una tenue luz azulada que parecía emanar de las mismas paredes. Cada paso resonaba en un eco profundo, como si el propio Santuario estuviera escuchándolos. Lía lideraba el camino, con Kael justo detrás, mientras Rilan y Ceyar cerraban la marcha, ambos con las manos en las empuñaduras de sus armas, siempre alerta.
El descenso parecía interminable, y con cada metro que avanzaban, la presión en el aire aumentaba. Era como si algo en las profundidades