El amanecer se alzó sobre el horizonte teñido de tonos anaranjados y carmesí, como si el cielo reflejara la sangre derramada en las últimas batallas. El aire estaba cargado de un silencio incómodo, uno que no era el resultado de la paz, sino del peso de las decisiones recientes. Aurora observaba el paisaje desde lo alto de una colina, el viento frío acariciando su rostro. Sus pensamientos eran un torbellino de imágenes: la traición de Vincent, el portal sellado, y la oscuridad que aún parecía a