La mañana llegó como una herida abierta en el horizonte, teñida de un rojo pálido que presagiaba más sangre por derramar. Aurora despertó envuelta en el calor de Damien, su cuerpo aún marcado por la pasión de la noche anterior. Pero la paz era un lujo efímero en su mundo. Bastó un susurro en el viento para recordarle que la guerra nunca estaba demasiado lejos.
Se apartó con suavidad, dejando que sus dedos se deslizasen por la piel de Damien, memorizando la textura de su ser. Había algo en el ai