El amanecer trajo consigo un silencio inusual, un eco vacío que contrastaba con el caos de la batalla reciente. Las ruinas del refugio se erguían como testigos mudos del enfrentamiento que casi les había costado la vida. La brisa de la mañana arrastraba el olor metálico de la sangre mezclado con el humo de las antorchas apagadas. Pero entre los escombros, un nuevo desafío se gestaba, uno que pondría a prueba no solo su fuerza física, sino la solidez de sus lazos.
Aurora se despertó sobresaltada