La oscuridad siempre había sido un refugio para Damien, un lugar donde sus demonios internos podían merodear sin ser molestados. Pero esa noche, la oscuridad se sentía diferente. No era un manto reconfortante, sino un recordatorio de la fragilidad que se había infiltrado en su existencia desde que Aurora entró en su vida. No podía dormir. Los pensamientos giraban en su mente como cuchillas: Eris, Vincent, la Orden… y Aurora, con su vida y la del bebé colgando de un hilo invisible.
El eco de sus